Qué es la pignoración de un crédito

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En ocasiones  muchas empresas se encuentran con problemas para conseguir financiación a pesar de que cuentan con activos de importancia. Aunque puedan llegar a tener un gran valor patrimonial, muchas entidades bancarias puedes verse reacias a concederle crédito por la sencilla razón de que el volumen de negocio no es suficiente y no pueden tener la seguridad de que se les devuelva el dinero prestado.

En estos casos podemos encontrar la pignoración de un crédito, una alternativa para cuando se producen estos casos.  Es algo normal porque si una empresa no consigue financiación, no puede seguir avanzando ni tampoco tendrá la oportunidad de aumentar su volumen, por lo que es la pescadilla que se muerde la cola.

¿De qué se trata la pignoración de un crédito?

Consiste en dejar “en prenda” cualquier bien inmueble con el que cuente la empresa. Por esa razón, la compañía debe dejar la propiedad de ese bien a la entidad o a cualquier tercero con el que pueda realizar esta operación.

La entidad bancaria tendrá la seguridad de que, de una forma o de otra, podrá cobrar el crédito que ha prestado a la empresa. Obviamente, para ello tendrá que hacer una tasación del bien inmueble antes de aceptar la pignoración del crédito. Una vez tasado y considerado como que el valor cubre el del crédito solicitado ya se puede poner en marcha todo el proceso.

Dentro de las muchas ventajas con las que cuenta la pignoración de crédito podemos destacar que la entidad bancaria o empresa acreedora  podrán dar comienzo a los trámites en caso de que el deudor incumpla los compromisos adquiridos. En este caso la entidad conseguirá en propiedad el bien pignorado.

Normalmente en esta clase de contratos hay una cláusula por la cual el obligado no puede ni provocar ni transmitir el bien. Gracias a ello, se limita la posible pérdida de valor del bien a la obsolescencia y no a que pueda suceder un mal funcionamiento.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que no existe ninguna obligación de ejecutar el bien pignorado en caso de que éste pierda valor. El acreedor no tiene la obligación de quedárselo en propiedad, pudiendo elegir otras vías para poder reclamar su dinero.

Para finalizar hay que destacar también un importante beneficio para las empresas porque da valor a su patrimonio y les permite conseguir la financiación necesaria para su objetivo sin tener necesidad de venderlo.