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Créditos rápidos: pros y contras

Actualmente se comercializan decenas de créditos urgentes o rápidos, que se venden como la solución perfecta para necesidades de consumo puntuales y que atrapan a sus clientes potenciales con el gancho de una tramitación simple y rápida y la transferencia de los importes en menos de 24 horas. Pero ¿son realmente buenos productos?, ¿cumplen lo que prometen? Cómo todos los productos bancarios, tienen sus luces y sus sombras. Sólo hay que saber elegir bien y, como en todo, ser responsable.

Ventajas de los créditos rápidos

La principal ventaja de los créditos urgentes es, evidentemente, su rapidez: se tramitan por teléfono o por internet, requieren de poco papeleo y la entidad financiera suele responder con celeridad. Es más, cuando la respuesta es negativa suele darse prácticamente al momento. En caso de que sea aprobado, una vez se da el sí el dinero es transferido de inmediato, así que se puede tener el dinero en la cuenta a los dos o tres días de la llamada o contacto inicial.

Además, no suelen requerir de aval, basta con aportar una prueba de que se tienen ingresos, ya que sus cuantías son bajas. Eso los hace accesibles a personas con ingresos estables pero reducidos y a personas con ingresos irregulares que difícilmente pueden acceder a créditos tradicionales. Asimismo, las cuotas son bajas y pueden adaptarse a distintas necesidades, y los plazos son muy flexibles, hasta el punto de que la mayoría de los servicios de este tipo no contemplan penalizaciones por amortización de la cantidad antes de plazo.

Son accesibles para todo aquél que disponga de una cuenta bancaria, independientemente de en qué banco la tenga, y no hace falta domiciliar nóminas ni recibos, como sí ocurre con otro tipo de préstamos.

Y, finalmente, nadie te pide explicaciones sobre para qué quieres el dinero, lo cual da mucha mayor flexibilidad en cuanto a motivaciones. Puede que no puedas ir a un banco a pedir un crédito para pagar un vestido de novia, pero sí puedes pedir un minicrédito urgente para eso.

Desventajas de los créditos rápidos

La principal desventaja de este tipo de préstamos es doble:
Por una parte, aunque los trámites sean más simples y las garantías exigidas sean menores, siguen siendo préstamos, y no se conceden a personas con problemas de morosidad, es decir, que los vendan como algo que sólo requiere del DNI es publicidad engañosa: vuestro historial crediticio va a ser comprobado, y si estáis en RAI, Asnef u otro registro de morosos os lo van a denegar.

Por otra parte, los intereses suelen ser muy elevados, de alrededor del 20% TAE, mucho más alto que el de la mayoría de créditos bancarios y por encima de lo que el Banco de España considera “normal” para los créditos al consumo. De hecho, existen ciertas dudas acerca de si los elevados intereses de este tipo de productos no estarían vulnerando las leyes españolas antiusura, que establecen que los intereses excesivos pueden ser incluso delictivos.

En todo caso, se trata de un tipo de interés que se asemeja e incluso supera los que cobran las casas de empeños, lo cual da una idea de lo caros que resultan.

Las cantidades que se pueden solicitar, además, son bastante bajos. No se trata de créditos para financiar grandes dispendios, sino de pequeños créditos para comprar cosas o pagar servicios puntuales, y eso, aunque tiene su parte buena (estimulan el consumo y activan la economía), también tiene la parte negativa de acostumbrar a una población poco educada en lo financiero a operar con cantidades de las que en realidad no disponen para gastos que en la mayoría de los casos son innecesarios.

En otras palabras, mientras una hipoteca puede entenderse como un trámite necesario para el acceso a una vivienda, algo necesario y que posiblemente dé sentido al endeudamiento, un crédito personal de 1000€ para pagar un crucero nunca se amortizará por sí mismo más allá de la satisfacción personal momentánea. Por tanto, lo cierto es que este tipo de créditos supone un peligro para los consumidores compulsivos o para personas que no controlan adecuadamente sus gastos, ya que la facilidad y la rapidez con que se obtienen los hacen especialmente golosos para cubrir los importes pendientes de otros préstamos previos, y así se genera un efecto llamado bola de nieve que consiste en que las distintas deudas se acumulan hasta hacerse impagables.